El tren de la vida

Hace tiempo me encontraba en el Rail Runner Express, un tipo tranvía que conecta a la ciudad de Albuquerque, Nuevo Mexico a la capital del estado. El recorrido es melódico, el paisaje tranquilizante y acogedor. Aunque muchos prefieren tomar la siesta en este recorrido de casi dos horas, yo decidí dedicarme a mi pasatiempo favorito: observar a la gente.

Como humanos nos hemos acostumbrado a simplemente andar en esta vida de manera pasiva, sin darnos cuenta de nuestros alrededores, de detalles tan simples como olores, y hasta conversaciones ajenas. Nos hemos condenado a un mundo de carencia humana, en donde los móviles y los audífonos son un enchufe a una sociedad inexistente.

En ocasiones me pregunto, en caso de una emergencia, ¿podríamos hacer una descripción tangible acerca de algún criminal? Dándose el caso de que el sospechoso hubiese ocupado el mismo lugar que nosotros. Algunos si, otros no, en estos momentos me alegra saber que en la mayoría de los lugares existen cámaras de seguridad.

En ese tren, existían cientos de historias… detalles de vidas ajenas a las nuestras, pero aún así, son experiencias ricas.

Ese día una familia de tres se acercó a donde nos encontrábamos esperando el tranvía, era una mujer anglosajona de alrededor 34 años, con ella su hija de alrededor 7 años y su novio, latino, de unos 36 años. El señor amablemente me preguntó: ¿es aquí donde pasa el tren que se dirige a Santa Fe? – Claro, le contesté.

Y así nos embarcamos en el mismo vagón, justo a unos metros de distancia. Me fue inevitable no estar de entrometida en la conversación que hacia la mujer con otra persona. Ésta le contaba como era que se dirigían a un pueblo del estado de Colorado, donde se encontraban amigos de su novio, los cuales le habían ofrecido trabajo. Al parecer el novio tenía poco de salir de prisión, y su estado económico le forzaba a hacer este tipo de cambios.

El entusiasmo con el que esta mujer hablaba era contagiable; expresaba que tan emocionada estaba de formar una familia en un lugar nuevo. Con ellos llevaban dos maletas pequeñas, en las que parecían llevar lo más importante para esta aventura. Encomiable como esta mujer no le tenía miedo a ningún tipo de labor, ya que le contaba a la otra pasajera que ella iba lista para trabajar en lo que fuera.

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Photo by Leo Ramirez

Pero, ¿por qué hablar de extraños? Bueno, no será la última vez que lo haga, y además me puso a meditar en la vida.

Nuestras vidas pueden cambiar en cualquier momento, en el caso de la mujer que viajaba ilusionadamente con su novio, lo hizo tal vez por la conexión que sintió hacia ese hombre. Otra hipótesis, podría ser que no tenía otra opción, quizás un nuevo comienzo.

Así nos pasa a todos, muchas ocasiones comenzamos de nuevo, en lugares diferentes, con extraños o con conocidos. El tren de la vida nos lleva a muchos lugares, a experimentar circunstancias, emociones y decepciones. Cada uno de nosotros nos subimos a un vagón diferente, nuestras decisiones nos dirigen a nuestro destino, o simplemente nos subimos para disfrutar la vista. Algunas otras veces preferimos estar sentados en ese vagón por tiempo, hasta años, en una situación que no permitimos cambiar. Pero siempre se puede cambiar de vagón. No estamos condenados a permanecer en lo mismo, pasivamente observando el mismo paisaje.

Mi tren de la vida sigue caminando, ha cambiado, esta en movimiento, algunas veces lento, otras a término medio. Pero a cada paso me permito crecer como ser humano, mantengo los ojos abiertos para ver lo que pasa desapercibido.

A ti, querido lector, ¿a qué lugares te ha llevado el tren de la vida?

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