Lo sencillo que es dejar de observar

La vida para muchos se convierte en una rutina desgastante, poco interesante y muy agobiante. Parece ser que el recibir una mañana más en nuestras vidas es un duelo, no una alegría. Despertamos al sonido de una alarma, saltamos de la cama, vamos al baño, preparamos el café, desayunamos algo rápido (o simplemente compramos algo en el camino, usualmente donas cargadas de calorías). Podemos agregar la rutina de viaje, ya sea si se tiene un auto, o se usa el transporte público, son aspectos que se añaden. La rutina de cada persona varía según sus circunstancias, estado civil, su estado socioeconómico y el ánimo que tenga en el día, por nombrar algunas.

El punto es, que estamos olvidándonos de un hábito, que en mi opinión es algo muy humano: la práctica de ser observadores. Me he dado cuenta, como supongo muchos otros lo han hecho, de que no estamos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor. Aquí un pequeño ejemplo, tengo la tendencia de subir el volumen del auto cuando escucho una canción mientras manejo, me inspira a mover las caderas y a cantar junto con la familia (tal vez inseguro, pero, me hace feliz). Cuando llego a un semáforo con luz roja, tendemos a bajar los vidrios de las ventanas, lo cual es una manera de compartir nuestra alegría con el entorno. Sin embargo, nadie nos observa, nadie se da cuenta de que el automóvil anexo tiene música a todo volumen.  Las personas que me toca ver están atados a su celular, o simplemente en modo zombi. Muchos llevamos la vida de robot, hacemos las cosas de manera inconsciente, simplemente porque la rutina que llevamos así lo dicta.

Yo recuerdo que en mi infancia mi madre solía decir que ella veía la vida de color de rosa, en ocasiones amarilla. Supongo que cambiaba de acuerdo a su nivel de ánimo, más nunca fue un color oscuro. Creo que eso me ayuda a sincronizar mis antenas y pintarme la vida de colores vivos, y encontrar belleza en el día a día a pesar de la rutina que llevo. Me gusta observar a la gente, observar lo que hacen, sus gestos, reacciones, y quizá hasta sus manías. Pocos nos damos cuenta de que la luna es hermosa, que la lluvia al mezclarse con la tierra tiene una fragancia que nos lleva de nuevo la niñez, cuando jugábamos en los charcos. Las estaciones del año nos brindan belleza que hay que admirar, pero el andar siempre a prisa y el tener a cabeza en otro canal hace que nos olvidemos de abrir los ojos, parar y admirar.

No asuman que yo lo haga todo el día, pero me recuerdo a mí misma que puedo encontrar momentos para observa y admirar. De esa manera pinto mi rutina de un color que me haga feliz.

¿a ti, se te ha olvidado observar?

Aquí algunas imágenes que he tomado cuando decido observar.

 

 

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